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La Estrategia es un elemento de gobierno que se fundamenta en la Acción y en el corto plazo.

Y esta afirmación no obedece a ninguna interpretación osada, se remite básicamente al entendimiento de Conflicto. Este no se resuelve únicamente con planes de largo plazo. El Conflicto se resuelve con Acción Inmediata.

Entre las organizaciones no-militares existe también el tipo de Conflicto al que esencialmente se orienta la Estrategia. Esto es mucho mas evidente en el caso de las organizaciones de negocios. Allí el Conflicto tiene una naturaleza transparente y una dimensión muy real: la Competencia.

La existencia de Competencia determina la existencia del Conflicto.
Cualquier organización de negocios que reconozca la existencia de un competidor debe reconocer también la existencia de Conflicto.
En este punto tampoco es razonable (y mucho menos favorable) permitir que la Administración trate de incluir interpretaciones diferentes para lo que significa la Competencia y su efecto en los intereses de la Organización.
En la búsqueda de perfeccionar los intereses propios, la Competencia afecta los intereses de otros. ¡Así de claro!. Provoca daño, genera perjuicio, evita la maximización de los resultados propios, obliga a desarrollar estructuras de costos y gastos adicionales, demanda el establecimiento de un permanente estado de apronte, etc.
La Organización no busca por sí ninguna de estas cosas; se ve obligada a hacerlo para mitigar los daños que le puede ocasionar el competidor.
Ahora bien, no es la Organización como tal, al menos en su entendido integral, la que se ve sometida a Competencia y a Conflicto. Esto se reserva para el Negocio. Es el Negocio que sustenta la Organización el que se ve enfrentado a las arremetidas del competidor. No existe competencia entre Burocracias o entre organizaciones, existe competencia entre negocios. A partir que el Negocio se ve expuesto a competencia se puede afirmar que la Organización está también expuesta a ella.
Y la variable que explica la dinámica competitiva entre los negocios tiene nombre: las Ventas. En última instancia son las Ventas las que se disputan los competidores y las que explican la existencia de un estado de Conflicto.

El sistema de gobierno más evolucionado y eficaz que el hombre conoce para lidiar con el Conflicto es la Estrategia. Por ello debe entenderse que es la Estrategia la responsable de dirigir los intereses del Negocio y para su efecto, los intereses de Ventas.
No es el Marketing quien dirige los intereses de las Ventas, ni aún siquiera la Administración, es únicamente la Estrategia.
El ejercicio de la Estrategia está fundamentado en la orientación que proporcionan los Principios Estratégicos. Son estos principios los que en el fondo particularizan a la Estrategia y la diferencian de cualquier otro sistema de gobierno.
Los Principios Estratégicos constituyen sabio resumen de las experiencias de miles de STRATEGOS en su interacción con miles de Conflictos a lo largo de miles de años de historia.
Principios Estratégicos como Concentración; Fortalezas contra Debilidades, siempre; Convertir el tiempo en aliado; “Todo el mundo debe beneficiarse de las victorias”; Cuidado con la relación general-soberano; Coordinación de impulso y tiempo; Asumir la iniciativa; Planificar la sorpresa; Engañar al competidor; Conseguir la ventaja mental, etc., constituyen sólido y prudente conocimiento para orientar la acción.

La Estrategia trabaja funcionalmente en la Organización de “afuera hacia adentro”, porque el Conflicto fundamental (la Competencia) se desarrolla en el entorno organizacional.
En cambio la Administración, como conjunto ordenado de conocimientos para el gobierno, se desenvuelve mejor en la gestión de los intereses organizacionales de “adentro hacia fuera”. Por ello la Administración es muchas veces mas eficiente en la gestión de la Burocracia.
Pero dado que el entorno condiciona a la Organización y dado que el Negocio debe condicionar a la Burocracia, es admisible suponer que entonces la Estrategia condiciona a la Administración. En todo caso el debate epistemológico sobre este último aspecto sostiene aún ríspidas aristas, y su trato no es de conveniencia en lo que aquí se toca.
Sí queda claro, sin embargo, que la Estrategia gobierna los intereses del Negocio, especialmente los intereses de Ventas. Y con ello asume pleno derecho sobre el título de Estrategia de Ventas.
Todos los planes y programas de trabajo, las previsiones y las acciones, el enfoque mental, la prioridad de gestión y la lógica general de trabajo de la Organización deben supeditarse a los intereses de la Estrategia de Ventas. Esta incluye todo en un acto de carácter holistico.
Acá resulta pertinente hacer otra aclaración: conceptualmente no existe nada que pueda brindar utilidad al asumir que existen “otro tipo” de estrategias: Estrategia de Marketing, Estrategia Financiera, Estrategia de Recursos Humanos, etc. En la ciencia de los negocios (y prácticamente en la generalidad de las organizaciones), el término de Estrategia está reservado en estado puro, limpio y virginal para las Ventas.
Tampoco existe beneficio alguno en la utilización del concepto de Estrategia como adjetivo calificativo de otras funciones. La riqueza de la Estrategia no se manifiesta ni siquiera de manera parcial cuando a ella se refieren “construcciones conceptuales” como marketing estratégico, planificación estratégica, administración estratégica, etc. En todos estos casos la Estrategia adquiere un carácter casi cosmético, algo que ni ella precisa y tampoco las funciones a las que supuestamente está llamada a enriquecer. El marketing, el plan, la administración, etc., son una cosa y la Estrategia otra. Ni ellos, ni ésta, requieren “muletillas”.

Ahora bien, como la Administración encuentra una “zona de confort” en la gestión de los intereses de la Burocracia, muchas veces enfatiza también la importancia de las funciones que la componen. Incluso cuando ello le representa flaco beneficio al Negocio.
Cuando el concepto de Estrategia no es firme o no está establecido claramente en las prácticas de gestión, la Administración gobierna los intereses del Negocio desde la Burocracia. Y el mecanismo mas útil y apropiado que encuentra es el Marketing. A partir del Marketing la Administración llega a las Ventas.
En estos casos el Marketing adopta un papel rector y no la labor de apoyo. Cuando el proceso se repite de manera sistemática el Marketing termina por desplazar el simple y elemental sentido que las Ventas tienen para perfeccionar el Negocio. Entonces pueden generarse largos e interminables periplos en los que se desarrolla una alquimia fantástica de Marketing y no se vende. Luego el Marketing se ve arrastrado a mayor complejidad para ser efectivo y acrecienta su distanciamiento del proceso de ventas. Se llega de esta forma a un estado en que el Marketing se convierte en objeto de estudio y de atención en sí mismo. Los esfuerzos se orientan hacia él y no desde él hacia un fin mas elevado.
Cada vez existe un número mayor de organizaciones que desarrollan brillantes y complicados programas de Marketing y que sin embargo no venden en la proporción que garantice la solidez del Negocio. Cada vez existen más especialistas en Marketing que trabajan lejos de las ventas y que son ineficaces. Grandes gerentes de Marketing desconocen conceptos elementales del Conflicto y trabajan en el estilo propio de la Burocracia: largas y simpáticas jornadas alrededor del “bureau”, esperando “ésa” idea brillante, ésa visita de la musa que califica el arte.
El Marketing profesa reiteradamente ésa idea errónea del culto a la “inspiración”. Una idea que frecuentemente asemeja a grandes ejecutivos de marketing con artistas de música rock; tanto en la rebeldía como en el deseo firme de hacer prevalecer conocimientos casi místicos, hipotéticamente difíciles de ser comprendidos por los espíritus simples.
Bajo la lógica de la Administración, es tan determinante la existencia del Marketing que su actuación define el ser y estar de las otras funciones. Cada vez son mas los responsables financieros en las organizaciones que en poco valoran estas disquisiciones de Marketing y no son pocos los propios responsables de ventas que entienden perfectamente la necesidad y las formas de vender y sin embargo no comprenden por qué los grandes ejecutivos de Marketing no lo consiguen o no lo hacen.
Bien hacía Napoleón (ése gran STRATEGOS) al decir doscientos años atrás que “la guerra sólo se aprende yendo hacia los disparos”. Y en el mundo de los negocios eso sólo se cumple en la trinchera de las Ventas.

El Marketing tampoco es capaz de convertirse en una función aglutinadora. Una que consiga el compromiso y el accionar ordenado del resto de las funciones organizacionales hacia propósitos comunes. Y éste, por supuesto, es el caso típico de las técnicas. Ellas están destinadas a complementar y no pueden ser efectivas constituyendo el todo.
En este esquema de trabajo inapropiado y disfuncional, la Administración sigue recurriendo a su sincretismo para alimentar sin pausa un enfoque de Marketing que no se perfecciona. En apariencia el Marketing sigue evolucionando, pero en buena parte de los casos se sigue alejando de su fundamento, de su misión de apoyo y de la efectividad que en ella está garantizada.

Ahora bien, el aspecto mas peligroso de esta realidad radica en que la mal entendida preeminencia del Marketing, afecta notablemente a la Estrategia. En tanto que el ímpetu del Marketing crece, la atención a la Estrategia mengua. En tanto que la atención se centra sobre el Marketing, decae aquella que es primordial otorgarle a la Estrategia. En tanto que se hace Marketing, muchas veces no se hace Estrategia.
Bien claro está que el Marketing debe incluirse en la Estrategia, pero en el afán de incorporar la Estrategia entre los intereses de Marketing, se erosiona irremediablemente la solidez del Negocio.
Y en este punto no cabe duda alguna: todo lo que afecte al Negocio afecta la existencia misma de la Organización.

La responsabilidad por éste estado de las cosas no es del Marketing, es de la Administración. Ésta debe hacer un giro, mas temprano que tarde, hacia el origen y el poder de ciertos conceptos. Debe detener o postergar un poco el ejercicio sincrético o al menos debe orientarlo hacia los conocimientos que mejor sustenten el desarrollo de los conceptos. Existe mucho que la Administración debe hacer aún en el entendimiento de la fenomenología y dinámica de la Organización, mucho por optimizar en sus enfoques y políticas de gobierno de la Burocracia y sobre todo mucho por hacer para comprometerse efectivamente con los intereses del Negocio.
En este camino, el sincretismo seguirá siendo un gran apoyo para la Administración, pero algo mas distante del peligroso punto que limita con el “utilitarismo” y la comodidad gnoseológica.
El Marketing es un inapreciable conjunto de técnicas que en mucho ayuda a la efectividad de la Estrategia. Sin conocimientos bien sustentados de Marketing y aplicación de sus técnicas, la Organización adolece de una severa desventaja competitiva.
En el apoyo a las Ventas radica la fortaleza del Marketing. En su inclusión apropiada a la Estrategia radica su valor.
Ahora existe mucho “marketing” detrás del propio Marketing, y esto no es necesario.

Sobre la Estrategia reposa la gran responsabilidad por la salud de las organizaciones en esta nueva era de grandes “externalidades”.
La naturaleza del Conflicto para las organizaciones evolucionará indefectiblemente en términos de complejidad. Pocos adelantan un vaticinio diferente. Por delante sólo se puede esperar más turbulencia.
La tensión dinámica que caracteriza la relación de la Organización con su ambiente, transita los límites mismos de ruptura del equilibrio. El entorno es cada vez mas grande y poderoso. La Organización precisa recurrir a cada gramo de esfuerzo que pueda proporcionar su estructura. Y el mecanismo mas inteligente que el hombre ha creado para lograrlo no es el Marketing, es la Estrategia.

SECCION BIOGRAFICA.-
Carlos Nava Condarco, 39 años, natural de Bolivia. Licenciado en Administración de Empresas. Experto en Estrategia de Negocios. Catedrático de la Universidad Católica Boliviana en la materia de “Política y Estrategia Empresarial”.
Experiencia en Gerencia Estratégica de empresas de productos de consumo masivo. Empresario Independiente.
Autor del libro en edición: “El STRATEGOS y la guerra en el mundo de los negocios”.
Director de la página WEB: www.elstrategos.com
 

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